Peter Weir mola hasta en sus pelis más inestables. Vi LA COSTA DE LOS MOSQUITOS de crío y aunque no la recordaba nunca llegué a olvidar su latido. Ocurre con este cine preocupado, movedizo y lleno de meandros y enigmas, desusado ya entonces y pura extravagancia a los ojos hervidos de hoy.
París en verano, París incesante y París jamás. La pamplina, las cosas. Todavía quedan algunos ejemplares. Puedes comprarlo antes de morir. Mañana salen envíos y en dos días está en las manos tuyas tan bonitas de pianista que tienes. libritosjenkins.bigcartel.com/product/mald...
Qué felicidad salir así del cine. Qué alegría y qué contento. Que si amor tóxico y no sé qué rollos, ¡ni caso! Esto es amor verdadero. Un encanto de película.
Qué enigmático festín, este cuadro del señor Carpaccio... www.museothyssen.org/coleccion/ar...
Es como un bambi que no sabe ponerse en pie, esta película. Sería más bonita, eso también, si todos sus personajes muriesen acuchillados.
Hay un cine de la verdad y hay un cine del movimiento. Y el primero es mentira.
Uno de estos en cada esquina per favore para limpiarme de símbolos y musarañas y observaciones.
“Cuando técnicamente no eres un virtuoso, tienes que contar algo. No puedes esconderte”. Art Farmer sobre Miles Davis y su relación con la melodía.
Pijos con becas. ¡Pocos dedos se han cortado estos! Qué asquete lo de poetizar el trabajo físico.