Me daban miedo aquellos cangrejos diminutos como arañitas corriendo entre la arena y los dedos de mis pies. Mi padre no sabía nadar y, no nos dejaba alejarnos de la orilla. Pero me veía así. Incluso cuando no íbamos a la playa.
El día pasó volando pero aún tengo trescientos tantos más para asimilar los cuarenta y seis palos. Voy a sentarme.
Me gusta cuando el algoritmo se confunde conmigo más que algunas personas que no dan ni una.
Hoy hubo un momento que parecía que el cielo se me caía encima. Como el mundo todos los días.