La Historieta Musical
@lahistorieta
Anécdotas, curiosidades, historias y leyendas de la música. Escritor, licenciado en psicología, bajista. 4 libros, el último "Los viejos rockeros n̶u̶n̶c̶a̶ mueren".
Y alli, en 2001 (se retrasaron un año), con un órgano automatizado construido expresamente para este evento dio comienzo la obra de Cage en su versión más extrema. Eso es tener fe. O estar muy locos. Bueno, ¿y porqué es tan importante el día de hoy, 5 de agosto de 2026?
Pero el rizo del rizo es una interpretación que comenzó en 2001 y sigue en activo. Y lo estará los siguientes seis siglos. Sí, no me he equivocado. Seis siglos. 639 años en total cuando acabe. Hablo de la interpretacion en la iglesia de San Buchardi, en Halberstadt, Alemania.
Y por eso escribió esta obra, sin más indicación que ser tocada lo más lenta posible. Y claro, ¿cuanto puede ser eso? Hay músicos que han intentado responder a esa pregunta, como Francesco Pío Gennarelli, que empleó 25 horas, o Diane Luchese, durante casi 15. No está mal.
Podríamos citar otros muchos experimentos polémicos de Cage pero yo hoy he venido a hablar de un evento que ocurre hoy relacionado con una obra suya. La obra más lenta del mundo. Y que se llama justamente así: Organ²/ASLSP, siendo lo del final acrónimo de As SLow aS Possible.
Porque el amigo Cage es un raro de manual. Comenzó siguiendo los pasos de Schoenberg, pero ya por los años 40 comenzó a hacerse preguntas. Preguntas que le llevaron desde el uso de la matemática y el azar para la composición a preguntarse por la misma naturaleza de la música.
Pero aunque a veces gente como Ornette Coleman nos de dolor de cabeza lo cierto es que las innovaciones han llegado siempre de la mano de la experimentación. De artistas que quisieron ir un paso más allá y cuestionarse lo establecido hasta el límite. Y luego está John Cage.
Hoy ocurre un acontecimiento de proporciones inmensas en la historia de la música. O quizás es solo otro paso más de un troleo más grande que la iglesia que lo acoge. En una pildorilla de verano de #LaHistorietaMusical, hablemos de John Cage y la obra más lenta de la historia.
Hace 60 años, entre la primavera y el verano de aquel 1966, vieron la luz cuatro discos descomunales para la historia de la música popular. Aftermath, de los Rolling Stones, Revolver, de los Beatles, Pet Sounds de los Beach Boys y Blonde on blonde de Dylan. Que añito, madre mía.
No sé cómo va vuestro verano pero aquí estamos haciendo una ciudad. A ver si consigo hacer dos arquitectas/urbanistas de mis hijas. 😅
Como sabéis, esta temporada hemos inaugurado mi socio @danieldomingueztv.bsky.social y yo las VideoHistorietas, una forma diferente de contaros lo mío con algo de humor negro como el carbón y en formato short. Y claro, el último hilo de la temporada también tiene la suya. !Os dejo enlaces!
Y yo que sé, llamadme tonto o romántico, pero cuando supe de su muerte, me imaginé que, al morir, el bueno de Meat vería su corazón latir y latir. Intentando salir de su cuerpo y volar más allá, como decía su canción. Por supuesto, como un murciélago saliendo del infierno.
En sus últimos años, Meat Loaf se vio afectado por muchos problemas de salud que le condujeron a cancelar muchos conciertos e incluso a sufrir más de un colapso sobre los escenarios. Falleció por complicaciones derivadas del COVID en el año 2022. Jim había muerto un año antes.
El gusanillo de la interpretación tampoco abandonó a Meat durante toda su vida, teniendo pequeños papeles como secundario en muchas películas. Quizás el más famoso de sus papeles más recientes fue el carismático Robert Paulson en "El club de la lucha".
Los mejores momentos de la carrera de Meat Loaf fueron, sin duda, cuando conseguía arreglar las cosas con Jim y volvían a trabajar juntos en el proyecto que les había unido. Porque la historia de aquel murciélago no se quedó en un único disco: se convirtió en una trilogía.
Cuando volvieron a trabajar juntos en "Dead Ringer", que incluía un enérgico tema con Cher, los dos trabajos se hicieron sombra. Allí empezaron los problemas entre Jim y Meat, que les tendrían años en una dinámica tóxica que incluso les llevó a enfrentarse en los tribunales.
Lo que pasa es que a veces el éxito no siempre viene acompañado de la tranquilidad, y comenzaron unos tiempos convulsos. Afectado en su voz por la extensa gira que siguió al disco, Meat Loaf se tomó un descanso. Jim no le espero y sacó por su cuenta el disco "Bad for good".
Y al final, gracias a Steve Van Zandt, consiguieron un contrato con una subsidiaria de Epic y el disco, con una espectacular portada del dibujante Richard Corben, vio la luz. Y contra todo pronóstico y para desesperación de todos los que lo habían rechazado tuvo un éxito brutal.
"Bat out of hell" era una larguísima canción que narraba la historia de un enamorado despechado, en su rugiente motocicleta con la que tenía un accidente. Era barroca, con referencias al infierno y a casi cualquier tópico romántico que puedas imaginar. Es una maravilla.
Canciones como "You took the words right out of my mouth", con ese inicio tan de musical entre Jim y Marcia McClain o "Paradise by The Dashboard light", llena de campanillas y con una letra de una sexualidad casi naif llenaban el álbum. Pero la mejor era la que le daba título.
Todd accedió a producir el disco que pagó en gran parte de su bolsillo pensando que tenían un contrato apalabrado. Y para ello contó con músicos de la E Street Band, como Roy Bittan o Max Weinberg o el mismo tocando la eléctrica. Y lo produjo como merecía: sin filtro ninguno.
Al final fue otro músico el que vino a salvarles: Todd Rundgren. Cuando escuchó el material le gustó mucho y a la vez le resultó muy gracioso. Era muy bueno y a la vez tan exagerado, muy Spector y muy barroco. Como un Bruce Springsteen puesto de testosterona y romanticismo.
Uno de los momentos más duros fue cuando el productor Clive Davis (que, ironías de la vida, ha muerto esta semana), no solo les dijo que no. Es que fue a hundir a Jim y su forma de componer. Meat salió de allí gritando FUCK YOU CLIVE. Estaba siendo un camino muy largo.
Jim y Meat, a veces acompañados de la cantante Ellen Folley, comenzaron a recorrer compañías presentando unos temas que Jim había compuesto para un musical y que acabaron tomando forma de disco. Pero les rechazaron. Bromeaban con que se fundaban sellos solo para rechazarles.
La potencia, el talento y la expresividad de Meat conjugaban a la perfección con el dramatismo romántico de las canciones que Jim componía. Canciones que bebían del rock, del heavy y del musical, cargadas de teatralidad. Aunque esa teatralidad fuera excesiva para algunos.
Su camino en el mundo del musical le llevó a participar con doble papel en el famosísimo Rocky Horror Picture Show, aunque luego en la película solo interpretó a uno de los personajes. Pero sobre todo aquel camino le llevó a conocer a una persona muy importante. Jim Steinman.
Una expresividad y un sentido de la teatralidad que podemos notar desde la primera estrofa de nuestra canción. Marvin (o Michael, porque después se cambió el nombre) no solo cantaba: vivía lo que cantaba. Y esa habilidad creció con su trabajo en el mundo del teatro musical.
Como la canción que estamos escuchando, que tras su poderoso arranque parece frenarse y entrar en una espera tensa, larga, Meat Loaf tuvo que dar muchos pasos antes de ser tomado en serio. Su primera banda se llamo Meat Loaf Soul y debutaron en el 68. No duraron mucho.
Marvin adoraba el rock. Lo vivía con pasión y tras mudarse a Los Ángeles intentó que el rock fuera su vida. No fue fácil. Marvin arrastraba el estigma de la obesidad, pero decidió hacer del insulto que le dedicó un entrenador su nombre artístico. Meat Loaf. Pastel de Carne.
Marvin Lee Aday tuvo que esperar mucho a que llegara su momento. No fue un camino fácil. Con una infancia marcada por un padre alcohólico al que él y su madre buscaban por los bares. El fallecimiento de su madre le hundió en una honda depresión. Y buscó salida en la música.
Un aura que aparece desde el inicio. Desde esos tres golpes de la banda que abren el tema que le daba título a este debut. Y tras ello un piano furioso, rápido y enloquecido, en un crescendo infernal. Como una moto rugiendo por la carretera. Como alguien que espera su momento.