Lady Distopía
@ladydistopia
✦⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀. · ✵ ✫ *. ⠀ོ ⠀ོ ⠀⠀⠀ ོ⠀✹⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ོ⠀⠀⠀ ⠀ོ⠀ོ .⠀ ⠀⠀ ོ⠀ ✫⠀ོ⠀⠀⠀ "Animales sueltos" con Espasa es Poesía
Copacabana Marley solo era capaz de mirar hacia el apartamento en el que se crió los días impares de la última semana del mes. El vértigo de pensar que ya nada de aquella vida existía y que jamás volvería, era demasiado grande para permitírselo sin preparación y sin disfrazarse.
Cada mañana, Monsieur D'aramitz se vestía recopilando mentalmente las tres mayores dudas del día para tratar de despejarlas en el urinario público después. Nunca salía con todo resuelto, pero tampoco pretendía ser una de esas personas que lo tienen todo claro. Menuda ordinariez.
Alberta Acciaioli vendía frutas y verduras, recomendaba guisos, aliños, escabeches, lecturas, discos... aquella era su vida en el barrio hasta que lo pusieron en venta, se convirtió en una sucursal de otros y todos tuvieron que largarse porque sus vidas habían perdido valor.
Debrah Rocket Worsley no podía evitar pararse ante los escombros de los edificios en ruinas. Como si tuviera que rendir honores a todas las casas en las que ya nunca entraría. También había algo en lo que se reconocía. A veces todo. Según el día.
Emiliano Baas disfrutaba enormemente atravesando el desierto de Sonora en su camión de cuatro ejes, del que a veces sacaba la motocicleta estática y practicaba pequeñas acrobacias que sabía que algún día llegaría a dominar, para el deleite de un público que estaba aún por llegar.
Himari Koizumi solo trabaja los lunes. Imparte cursos intensivos y gratuitos para parar. A primera hora de la mañana se reúnen, despliegan un mapa de la ciudad, cada persona elige un parque y, una vez allí, para, está, respira, observa y, cuando algo interrumpe, vuelve a empezar.
Cuando la alcaldesa de La Vista, Nebraska, regresó de pasar unos días libres en un pueblo costero de California, decidió poner en marcha lo que había visto, para atraer a turistas. En un parking a la afueras, construyó unas vacaciones de mentira, demasiado caras para cualquiera.
Pétula Bacará, la mediana en una familia numerosa, vivió evitando destacar, ser el centro de atención, pero aún así lo era. Todos se fijaban en ella, parecían recordar su nombre y su cara entre los de una multitud, y todos tenían siempre algo que decir sobre cómo tenía que vivir.
Todo el mundo sabía que solo quedaban tres baldosas del suelo de la plaza de San Marcos sin pisar, pero nadie sabía cuáles eran. El caso es que tampoco se atrevían a recorrerla paso a paso de punta a punta, por miedo a romper una inercia, acabar con una suerte que, buena o mala, mejor dejarla estar.
No pasa nada... respira... tiene solución y es fácil. Además, está en tu mano. La cursilería tiene cura... si la pillas a tiempo. 📷 Émile Gsell
Forzarte a darle mil vueltas a todo, a medirte sin parar, hacerte la vida imposible para luego, por comparación, sentirte un poco a gusto, solo un minuto, entre gente que tanto conoces y tan poco te importa, vestida de la misma tarta que tú, celebrando la boda de tu hija mayor.
De pronto conoces a alguien que nació en una ciudad de la que nunca escuchaste, pero es donde transcurre la acción de la novela que estás a punto de empezar, regalo de un nuevo amigo al que has conocido en este viaje que, por alguna razón, no tiene pinta de que vaya a terminar.
Pasar la lengua lentamente por el filo del cuchillo, buscar el mareo provocado por el olor a gasolina, caminar al borde del precipicio pegando un talón delante del otro pie, asomarte al vacío demasiado, sentir placer en momentos cotidianos jugando al desastre inventando peligros.
Anaconda Brown se había creado un planeta propio, tan rico y colorido que, cuando se descubría dedicándole demasiado espacio mental al del otro lado de la ventana, paraba, respiraba profundamente, después cerraba esas cortinas inventadas, encendía el tocadiscos y a bailar.
El vértigo de pensar que nada nunca será exactamente igual a este mismo momento. Y a la vez, el alivio que da. 📷 André Kertész
Sirope Krönn, experto en aparcar coches de manera que nunca pudieran salir, se pasó media vida coleccionándolos sin remedio. Vivía en el sótano de un centro comercial abandonado en el que rampa para salir se había estropeado, tras años confundiendo el suyo con el de todos los vecinos.
Abejas revoloteando desesperadas entre lápidas, panteones, nichos y tumbas, una soleada mañana de primavera. Abejas que vuelan histéricas en el paraíso de las flores artificiales
Lunes, expectativas, inquietudes, dudas, suspiros para tomar aire, expulsarlo. Lunes, todo parece demasiado grande, un aire gélido se cuela por los huecos vacíos, cortándote la piel mientras te tratas de acomodar. Al segundo, todo es estrecho, pequeño, angustioso. Pero, tan testaruda, allá vas.
Cósima Vergara recorría las papeleras de los cementerios en busca de las flores retiradas de las tumbas, para revenderlas y ganarse el pan. Paseaba entre ángeles de piedra, cruces, talismanes, medallas... inventando historias a partir de aquellas formas diversas de conectar con los que ya no están.
Mi carta semanal, que en realidad no sabemos muy bien cuándo sale, pero el caso es que hoy sí: ladydistopia.substack.com/p/a-muy-poca...
Vega Mendoza se despertaba cada mañana sin aire tras largas pesadillas en las que se mezclaban todos sus miedos. Había probado cientos de ungüentos para recuperar la calma, pero lo único que le terminó funcionando fue asomarse a observar a la gallina, ahí siempre, como si nada.
Olya Kuznetsov no veía nevar desde que abandonó Sviyazhsk con 7 años. Cuando los muebles eran tan grandes que le colgaban los pies. Cuando sus padres estaban, sus hermanos eran altos y el mundo un lugar ajeno al que pronto supo que había que entrar con cuidado y muy poco a poco.
Observo desde mi ventana a las aves migrando, volando en espiral, ensanchando la vida, para después recolocarse formando una flecha y dominar el cielo, majestuosas. A la vez, me llegan los ruidos y las voces de la calle. Todo lo manchan, todo lo ensucian. Adiós, calma. Hola, día.
Mi carta… iba a decir semanal, pero jaja ladydistopia.substack.com/p/el-tiempo-...
Edgar Sumatra pasó décadas buscando un propósito, algo que le devolviera las ganas de vivir. Hasta que dejó su trabajo, se compró un terreno con sus ahorros y construyó un artefacto con el que poder volar. Ahora, durante una media de 38 segundos al día, era extremadamente feliz.
No se conoce la razón por la que, en la plaza más concurrida de 7 ciudades del mundo, existen 3 puntos concretos de 2 metros cuadrados que, desde que fueron asfaltados, nadie ha vuelto a pisar. Ahí no cae la lluvia, las voces se diluyen y hasta las palomas lo evitan al pasar.
Los hermanos Tejo y Sauce Honeythunder, propietarios de un parque de tallas de animales extinguidos, descubrieron que si se les rascaba en zonas concretas debajo de las alas, cuernos, antenas, picos y crestas, lo que empezaba como una sonrisa, acababa en una contagiosa carcajada.