Migue
@lospecesdelaluna
Breverías. Loco. Náufrago. Adicto al café y a los rumores azules de una camarera con ojos de mar…
Tantos años besándote con palabras, que me he convertido en aire, y ahora vago por las calles como pez de cielo esperando que me respires. [Las cigüeñas beben del alba antes de hacerse volada, de los murmullos de las hojas, del primer tren hacia tu boca…]
Siempre llevo alguna tristeza en el bolsillo, dijo el loco, por si tuviera que invitar a una ronda al sauce del río; no está bien que siempre invite él.
Felices los que, tras la noche, saben amanecer bien, de ellos será el día…
De esos océanos no beberás, dijo mi café, y fui y bebí y me ahogué en las aguas profundas de la camarera de los ojos de mar, quien se negó a hacerme el boca a boca: morí desamado, mientras, un sol intrépido rasgaba el cielo de la noche, amaneciéndolo todo perezosamente…
La vida o la revientas a besos o la revientas a mares y lunas y a bosques y a músicas y a bailes. Quedarse mirando, perjudica gravemente a la salud.
Las campanas de la catedral se adentran por la ventana, llevan un cielo repleto de domingo, estío y pájaros. Miro hacia la lejanía con la cercanía bien guardada en los bolsillos; que nunca olvide que las raíces pueden enraizar en la tierra enamorada de unos labios…
El hombre del banco cierra los ojos. Toma el tren al sur. La plazuela es un mar repentino, un sol extraño se estrella contra el océano, los pies descalzos huellan las arenas. Los tilos mueven suavemente las ramas, como entonando un rosario, el estío en flor. Sueña el aire.
Amanece verano. Se escucha el mar, a lo lejos, a lo cerca las anchuras de los campos murmuran sed. Los árboles beben esa luz primera para fabricar su sombra, los pájaros enloquecen en las ramas. El río espejea el cielo y la ciudad. Nunca fuimos expulsados del paraíso, nunca…
Supe siempre que en su corazón anidan la hierbabuena, el romero, el tomillo, la lavanda, la menta, la jara, el lirio y la madreselva; por eso es imposible no sentir el aroma indómito, de los campos y los oteros y los horizontes anchos cuando te acercas…
Se baña el Duero en los bosques de ribera. El mediodía cae a plomo sobre el estío. ¿A dónde irán los peces que laten en su alma? Se los lleva, todo se lo lleva el agua; el temblor de las ramas, el derroche de cielo, hasta sus nubes blancas. Todo se lo lleva el agua…
Alborea. Como cuando en sus ojos nacen las miradas, y van y se derraman sobre mis ojos y lo acaloran todo. Tormenteará, el cielo no conseguirá calmar su piel (ella siempre anda desnuda por los sueños del estío) vendrá el aguacero, dará de beber a la nostalgia de los caminos.
Hasta los sueños hervían en los llanos de la noche: he muerto y estoy en el infierno. Amaneció y el cielo apareció de pronto. No hay mar que por bien no venga, pensé, lanzándome a las aguas azules de la camarera de los ojos de mar, intentando vanamente salvarme, quemándome de nuevo…
Andaba yo soñándote a borbotones, cuando la ruidera de los pájaros se ha posado en la ventana. Amanece. Las campanas llaman a misa (en estas ciudades pequeñas aún vive Dios), y los tilos se acicalan bien las hojas con el rocío que la noche dejó. Huele a verano.
No todo lo que reluce guarda la luz en su piel, a veces no es más que sombra al acecho….
Más que de lobos, soy muy de Lorca dijo la luna, nadie me acarició mejor…
Desde la ventana, escuchó el silencio sonoro de la mañana; el zozobrar del agua en las zudas, el discurso lento de las hojas, el piar de las aves, el canto azul de un cielo manso de verano. Ni sirenas, ni olas blancas, ni delfines. Ni el sol bañándose como niño en el agua…
Amanecía verano cuando el bosque comenzó a sentir la luz y a convertirla en pájaros. Qué bullicio de calma, qué mansa tempestad de verdes, que sabor sonoro lleva el aire en las caracolas del día…
De pronto llegó el alboroto de la luz, el quebranto de la noche, el cielo roto, y las alas de la alegría se pusieron a temblar. Qué hermoso mundo si supiésemos reírlo bien, enflorecernos como las jacarandas y las buganvillas y los lirios y las margaritas…
Escribo mientras [la reunión crece y decrece, se pierde y se encuentra, hace vuelos por el techo de la sala, se llena de pájaros sonoros, de peces de río, bullicia, calma, tormentea, se amansa,] te hago palabras, empujado por mis labios que insisten en beberte…
El alma del alba es pura luz. Cielo, peces, pájaros y río, se van creando con el aliento y el barro de esa luz. Y de pronto, en un instante, aparece el mundo, donde solo había negrura y vacío. Hablo de sus labios, cuando se escapan de su cara y lo iluminan todo…
De todas las camareras con ojos de mar, la del bar de la esquina tiene mas olas, más sustancia azul, más verso. Es capaz de hacer amanecer con la mirada. Te pone unos cafés que parecen hechos de beso. Eso sí, mejor no echarse a nadar en esos mares: te ahogas seguro…
Un día de verano de cielos oscurecidos, a la yaya vino a visitarle un rayo. Fue muy descortés: entró por una ventana y salió por otra. Desde entonces, el yayo se sube al campanario para alejar la tormenta, y la abuela cierra bien con el tranco, no sea que vuelva a tener una visita inesperada…
La raíz del día es la luz, va enraizando entre las cosas del mundo, convirtiendo en aire en cielo, los ojos en mirada, lo oscuro en claro, lo ceniciento en color, tu cuerpo desnudo en maravilla…
El bar es mi refugio. Aunque camine por calles oscuras nunca temeré: el aire acondicionado, y las aguas tranquilas de la camarera con ojos de mar me confortan. Ella amanece y yo amanezco. Bueno, pero de bailar contigo nada, dice mi café, no, de bailar conmigo nada…
Machado murió de tristezas (todos los poetas lo hacen). Las verbenas de la calle bailan en la ventana. Mataron a Lorca. Llora la luna. No encuentro el mar que guardé en el bolsillo. Miguel Hernández no pudo curar sus heridas. La felicidad es cosa de niños. Las cigüeñas son las veletas de la tarde.
Debemos estar hechos de mar, de piel estremecida, de rumores de sal, de espumas blancas, alhajadas, que van y vienen, vienen y van. Tal vez seamos solo carne de agua, pulso de marea, violín de azules…